DOÑA ALEJANDRA

A mis alumnos y alumnas acabo de contarles la siguiente historia

“Doña Alejandra Parejo Villalba fue una mujer que apareció muerta en su casa, ya anciana, no hace muchos años.  Cerca del Colegio hay una calle en la que destaca un comercio (muy conocido por mis alumnos. No diremos nombres, a ellos sí se los he dicho). En la acera de en frente a ese comercio y unos treinta metros más adelante hay una casa de dos plantas adosada a otras dos, que destaca por su puerta metálica blanca. Durante muchos años ese fue el hogar en el que vivía Doña Alejandra. Perfectamente integrada en la vida del barrio en el que pasó sus últimos años, Doña Alejandra no fue vista nunca con acompañante. Siempre sola hacia la compra, paseaba por el parque cercano, se arreglaba el pelo en la peluquería de la calle de atrás e incluso en contadas ocasiones, muy contadas en verdad, se la pudo ver tomando un refresco en una cafetería que está no muy lejos del lugar donde vivía. Las gentes del barrio que la conocieron decían de ella que, aunque no era muy habladora, sí destacaba por su amabilidad y corrección. De carácter tranquilo, nunca llamó la atención por nada destacable en su comportamiento. Yo no tuve la oportunidad de conocerla pero sí que pude entrar unos años después de su muerte en su casa para grabar allí dos capítulos de una serie de ficción para internet. Aunque los elementos esenciales que la acompañaron en sus últimas horas ya no estaban allí, sí es cierto que la atmósfera de la casa aún mantenía cierto grado de misterio. Por que lo más extraño en los últimos años de la vida de Doña Alejandra fue precisamente su muerte.

Nadie la echó de menos hasta que seguramente el olor llamó la atención de sus vecinos. Sabiendo como sabían de su soledad, todos imaginaron que para Doña Alejandra había llegado el final. Fueron avisados policía y bomberos y tras las llamadas pertinentes a la puerta se procedió a forzarla. Al entrar en la casa la policía escuchó voces procedentes de donde más tarde se supo que estaba el comedor. Allí, con el desayuno todavía a medio consumir, se encontraba el cadáver de Doña Alejandra, sentado en su sillón frente a la televisión encendida.

Según pude conocer de primera mano por uno de los policías que entraron en la casa aquel día, lo extraño del caso es que había preparados y a medio consumir dos desayunos en vez de uno. Dos tazas de café con leche, dos tostadas… Un primer registro de la casa confirmó que todo en ella parecía delatar la presencia de otra persona más. Dos dormitorios con las camas a medio deshacer, dos armarios con distinta ropa, dos pequeños vasitos de agua en el único cuarto de baño de la casa… todo indicaba la presencia de otra persona en esa casa, aunque realmente no había otra persona allí ni al parecer había sido vista nunca por nadie.”

Al plantearles esta historia a mis alumnos y alumnas les he pedido que intentaran por escrito explicar qué pudo haber pasado, que ayudaran a resolver el misterio de los últimos momentos de Doña Alejandra, con la promesa de contarles la verdadera historia después de que su imaginación encontrara un camino para comprender lo sucedido.

Han estado trabajando durante un rato y finalmente han leído sus respuestas. El resultado ha sido estupendo y las soluciones múltiples.

Para una chica, Doña Alejandra era una viuda que no había sido capaz de aceptar la muerte de su marido, al que consideraba todavía vivo y desde su trastorno mental trataba como vivo.

Para otra chica, no se trataba de su marido sino de su hermana fallecida

Para otra chica, Doña Alejandra había perdido un niño en un parto cuando aún era muy joven y con los años y la pérdida de memoria había revivido ese deseo y dado vida a su pequeño.

Para un chico,  alguien visitó a Doña Alejandra esos días y al marcharse después de desayunar no pudo conocer la muerte de la anciana

Otro chico más hablaba de que efectivamente con Doña Alejandra vivía un hijo suyo disminuido psíquico que nunca salía a la calle. Lo que explica este chico es que la mañana de su muerte, la anciana, que como todos los días desayunaba junto a su hijo, expiró ante su presencia. El hijo, presa del desconcierto, abandonó la casa y muy posiblemente haya sido recogido por un centro asistencial.

Las propuestas de alumnas y alumnos han sido muy enriquecedoras desde el punto de vista de la expresión y sobre todo del desarrollo de la creatividad.

Al terminar me han pedido que les cuente la verdad y así lo he hecho:

LA VERDAD ES QUE DOÑA ALEJANDRA PAREJO VILLALBA NO EXISTIÓ NUNCA, TODO ES FRUTO DE MI IMAGINACIÓN DIRIGIDA A PLANTAR EN ELLOS LA SEMILLA DEL INTERÉS Y EL GUSTO POR LA ESCRITURA.

Al saber la verdad, mis alumnos, ciertamente un poco defraudados, han decidido contar la historia como verdadera a familiares y amigos para divertirse con ello.

Anuncios